Los convocantes manifestaron que "el Gobierno nacional de los Kirchner y el de la provincia de Buenos Aires de Daniel Scioli, junto a la patronal de la multinacional Kraft y con la complicidad de la burocracia sindical, son los responsables de la dura represión que sufrieron los trabajadores. Convirtieron a la fábrica en un campo de detención ilegal, como en la época de la dictadura, manteniendo detenidos durante varias horas a los obreros dentro de la planta".
Los puntos centrales de la protesta fueron la exigencia de la inmediata reincorporación de los 160 trabajadores despedidos, el desprocesamiento de todos los compañeros y el reconocimiento de su cuerpo de delegados.




