
En esos días, nuestro pueblo en la calle impuso el final de la hegemonía neoliberal y dejó al desnudo la profunda crisis de representatividad y degradación de la mayoría de la clase política del momento, cómplice de la entrega de esos años. "Que se vayan todos" fue la consigna que mejor lo supo expresar.
Si bien la fuerza de la movilización popular fue profunda y sostenida en el tiempo no pudo materializarse en una construcción alternativa de poder emancipadora en lo económico, social y cultural.
No podemos dejar de señalar en ese tiempo la emergencia de formas organizativas novedosas como el Movimiento de Trabajadores Desocupados, expresión del movimiento piquetero que hoy sigue resistiendo; las Asambleas barriales organizadas principalmente por sectores medios de las grandes ciudades; el movimiento de fábricas recuperadas, abandonadas por la patronal y puestas a producir por los trabajadores, así como también infinidad de movimientos sociales, contraculturales y comunicacionales. Podemos mencionar además un incipiente activismo sindical que años después se iba a consolidar en direcciones gremiales, comisiones internas y cuerpos de delegados. En esa etapa las señas de identidad fueron la asamblea, la autonomía y autoorganización junto al carácter emancipador de la mayoría de sus programas y la irrupción de un componente juvenil mayoritario.
Quienes vemos la historia como proceso social, dinámico y contradictorio unimos esa rebeldía a la acumulación de fuerzas que amplios sectores venían protagonizando y que a mediados de diciembre de ese año se había expresado con más de 3 millones de votos (plebiscito popular del Frenapo) contra el hambre, la desigualdad y la pobreza, a favor del 82 por ciento móvil, salarios a los desocupados y la asignación universal. Hoy seguimos sosteniendo ese programa y le agregamos el no pago de la deuda externa, nuestra oposición a la extranjerización de la tierra y a la concentración económica y por la recuperación de nuestros recursos naturales y el patrimonio nacional. Estas gestas populares requieren que hoy las sigamos multiplicando.
Las brasas siguen ardiendo, seguiremos haciendo política y luchando para construir cada vez más y mejor poder popular.