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El 11 de setiembre es para nosotros un día muy especial, día que nos marca un camino para darle lugar a la lucha que tantos otros llevaron adelante. Lucha y compromiso en la defensa de las escuelas públicas y en hacer docencia. Legado de Paulo Freire para impulsar desde la educación la transformación social necesaria en nuestro país y así otorgarles a nuestros niños y niñas el futuro que este sistema les niega. Es una fecha que, entre tantos festejos, nos invita a reflexionar sobre nuestras prácticas, nuestro pasar por la escuela, nuestras frustraciones y satisfacciones en este trabajo que nos pone en contacto con las infancias. Niños, niñas y adolescentes de carne y hueso, de miradas y gestos, de palabras y silencios, esos que en la canción nos dicen “yo quiero que a mi me quieran”. Hoy están acompañando nuestro hacer cotidiano Rosa Ziperovich, las hermanas Cossettini y Rubén Naranjo, entre otros cuyo legado defendemos. Desde el dolor de nuestra historia reciente, Carlos Fuentealba, Daniela Spárvoli, Alejandra Cugno y, con ellos, otros tantos maestros asesinados en la dictadura del 76. Pero también están todas y todos aquellos que desde su anonimato llenaron las escuelas de compromiso social y educativo en el quehacer cotidiano. En nuestro día queremos acercar a ustedes un obsequio. Tiene el valor que le impone la producción musical hecha por un colectivo de artistas, por maestras y maestros de música que transitan a diario las escuelas, las aulas y los escenarios. Desde su compromiso con el Arte, con la Música, con las palabras estos compañeros desarrollaron un trabajo grupal. Como resultado otorgarán a las escuelas un objeto que sólo puede ser pensando como disparador de fuerza, de estímulos para pensar que podemos colectivamente avanzar en nuestras mejores condiciones laborales y educativas. Valorizando la escuela que tenemos y con la esperanza puesta en la que deseamos, ellos nos acercan un instrumento lleno de mística y amor, de esperanza y crítica, al jugar y jugarse en educación. Nada más ni nada menos que la producción de un disco que lleva en su corazón canciones comprometidas, canciones que surgieron de pensar “La Escuela Nueva”, canciones que hablan de la sangre derramaba y entonces el homenaje a Carlos Fuentealba y Teresa Rodríguez, canciones para nosotros y también la que en forma murguera nos propone el desafío de criticarnos y reírnos de nosotros mismos. Un disco pensado para nosotros en nuestro día, tan simple y tan especial como poner en notas, en arreglos musicales, en canto, el grito y la fuerza por la docencia. Este disco es un proyecto pensado e impulsado por las maestras de música Graciela Fernández y Andrea Andrés conjuntamente con la Comisión Directiva de Amsafe-Rosario, desde la Secretaría de Cultura. Este disco termina de dar la nota en un único proyecto colectivo de trabajo conjunto de 24 músicos, de los cuales 14 son maestros y profesores. Acercamos a las escuelas un regalo con calidad artística y militante, reconociendo que es necesario poner palabras y canciones a tanta dura tarea diaria. Así como en varias oportunidades llegamos con otras publicaciones de acuerdo a las fechas y nuestro sentir docente.