Covid, desigualdades y violencias

Por Cecilia Ferreyra* | El mundo hace más de un año que se encuentra atravesando la pandemia desatada por el virus SARS-CoV-2, más conocido como COVID 19. Durante este tiempo hemos pasado por diferentes etapas, en sus comienzos con el aislamiento en fase 1, los hogares se volvieron nuestro mejor refugio para el virus, con un sistema de salud desbastado por el Macrismo, con trabajadores con salarios por debajo de la línea de pobreza, en condiciones de precarización laboral y con malísimas condiciones edilicias.

Foto: Carlos Salazar

Nuestros niños y niñas pasaban todo el tiempo en las casas con medidas de enseñanza on line en los casos de que fuera posible, ya que este medio no es un recurso al cual todos y todas podamos acceder. Ya no podíamos ir a la escuela, ni ir a la plaza, ni ir a jugar con otro amigo o amiga y aun peor para aquellos que tenían que transcurrir también sus terapias de forma virtual o suspenderlas, estas tan elementales para aquellos que cuentan con capacidades diferentes.

Todo aparentemente se detuvo ‘allí afuera’. Pero en realidad los mecanismos de precariedad laboral y violencia hacia los sectores siempre castigados, se incrementaron. Tal es el caso de la violencia de género. Los femicidios aumentaron en el confinamiento y, desde las organizaciones feministas, hemos dado y damos una batalla constante para frenar este flagelo.

Fue pasando el tiempo y en nuestro país los casos de covid suben y suben, las pérdidas de vidas también y parece no encontrarse la fórmula para frenar esto. O para sostener en las provincias el lema que la salud está antes que la economía.

En nuestros hogares las tareas recaen centralmente en las mujeres que debemos cuidar de los más pequeños, de los adultos mayores que son los frágiles ante este virus y además seguir con todas nuestras responsabilidades como en muchos de los casos las laborales de manera remota. Y cargando con una nueva culpa a la carga histórica- simbólica que ya tenemos por sólo ser mujeres: si alguien enfermaba, sentíamos culpa por la posibilidad de contagiar al resto de la familia.

Abrazo a la Escuela 251 por falta de condiciones elementales – Foto: Natalia Galarza

Con la llegada del calor todo comenzó a relajarse y los espacios abiertos se convirtieron en lugares de encuentro, la economía comenzó a moverse nuevamente pero sin recuperar lo perdido en los meses anteriores.

La pandemia va dejando huellas en cada uno, en los barrios crece la desocupación, el hambre, la falta de oportunidades y se hace cada vez más difícil dar vuelta esto. El estado nacional, el provincial y el municipal deben generar políticas públicas serias para combatir la pobreza y  ayudar al pueblo.

Se hace necesario en las barriadas los merenderos y las ollas populares que muchas veces de la mano de la solidaridad y otras de la pelea continua resuelven la comida de muchas familias.

La vacuna aparece como una salida esperanzadora pero pasa el tiempo y aún hay muchas personas sin ser inoculadas, y otras tantas solo con una de las dosis. Se priorizó a los agentes de salud y a los docentes por la necesidad de volver a la presencialidad en las escuelas.

Desde la CTAA planteamos que en Argentina se puede producir la vacuna, de hecho los laboratorios que posee en Garin (y que fueron construidos con un gran aporte del estado argentino), el científico y “financista” argentino y multinacional Sygman, lleva producidas con la licencia Astra Zeneca, más del doble de las vacunas que se han comprado en el exterior y se están aplicando en nuestro país.

Desde FESPROSA han dado los datos de dos laboratorios nacionales en condiciones de envasar ese material biológico. Existe en la Argentina el personal científico capacitado, una gran parte de ellos en las universidades, el CONICET y otros centros estatales. Rosario  es uno de los 10 primeros centros científicos y tecnológicos de América Latina.

Existen los recursos necesarios. Parte de ellos pueden ser dejando de pagar 1200 millones de la deuda externa, o sea la cuarta parte. Que es exactamente lo que pide China para todas las vacunas que necesitaría la Argentina. Para esto solo se necesita una decisión política.

Nos siguen mintiendo, nos dijeron que la presencialidad estaba garantizada pero sin embargo hay escuelas que dan clases en los patios, no tienen luz, ni agua, ni gas, como el caso de la escuela  N° 251 que abrazamos días atrás. Los relevamientos de los sindicatos dieron cuenta la semana pasada que, de 192 escuelas, el 41% tiene burbujas aisladas, el 32,8% tiene casos positivos de Covid en su mayoría de docentes.

Los gobiernos deben tomar medidas claras y urgentes. Garantizando las vacunas a toda la población, las condiciones salariales, de trabajo y sanitarias a las y los esenciales, dotando a las escuelas de condiciones edilicias elementales, con los servicios fundamentales funcionando como corresponde. La mitad de la población está en la pobreza, y esta afecta especialmente a les niñes y jóvenes. Necesitamos un Estado presente a la hora de garantizar derechos, por nuestro presente, por nuestra vida, por nuestro futuro.

*Cecilia Ferreyra, Secretaria de Género CTAA Rosario

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